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Grandes ciudades, grandes retos

El mundo se vuelve cada vez más urbano. En el 2009, las Naciones Unidas estimó que, cada semana, alrededor de 3 millones de personas se mudan a una gran ciudad. En 1950, el 30% de la población mundial vivía en una ciudad. Hoy, el porcentaje ha aumentado a 54%, y se espera que seguirá creciendo. En los próximos 15 a 30 años, se estima que dos tercios de la población mundial vivirá en ciudades. 

 

Este aumento se puede explicar fácilmente — las oportunidades laborales se han ido concentrando en las grandes urbes del mundo y, por consecuencia, las personas han emigrado hacia ellas. Por otro lado, el atractivo de las grandes ciudad es difícil de negar. Con algunas excepciones, en ellas se ubican los museos más importantes del mundo, los mejores restaurantes, y una gran diversidad de subculturas para acoger a todo tipo de individuos. Sin embargo, el desenfrenado crecimiento poblacional amenaza a las grandes ciudades del mundo con exacerbar los problemas que ya enfrentan: altos costos habitacionales, niveles peligrosos de contaminación (de aire, lumínica y auditiva), inequidad social y sobreexplotación de recursos. 

Para las grandes ciudades, hacer frente a estos problemas no es una tarea del futuro; los estragos que ocasionan ya se sienten, y sólo seguirán aumentando. San Francisco, por ejemplo, actualmente enfrenta una crisis habitacional, debido al estratosférico aumento en precios de renta que ha ocasionado el boom tecnológico de Silicon Valley. La ciudad se ha vuelto inasequible para las comunidades que la han habitado durante décadas. Una de las consecuencias más desastrosas de esta situación ha sido el aumento de la indigencia. En noviembre del año pasado, Apple donó 2.5 mil millones de dólares a California, un esfuerzo enorme (aunque tardío) por parte del Big Tech por combatir la crisis de vivienda que enfrenta el estado.

En cuanto al cambio climático — una realidad alarmante que amenaza el futuro de la vida sobre la Tierra — existen un sinfín de organizaciones y proyectos dedicados a contrarrestar los efectos negativos de la actividad humana sobre el planeta. En octubre del año pasado, Elon Musk — creador de Tesla, SpaceX, Paypal y Boring Company — donó un millón de dólares a la fundación Arbor Day, una organización sin fines de lucro dedicada a sembrar árboles. 

 

Pero la gravedad de las crisis que amenazan a las grandes ciudades y al mundo requiere más que el altruismo empresarial. Dado que el mundo sólo se volverá más urbano en el futuro inmediato, es crucial que los arquitectos, urbanistas y desarrolladores inmobiliarios tomen un rol activo en la planeación de las ciudades, entendiendo cuáles son los problemas a los que se enfrentarán las poblaciones urbanas del futuro y proponiendo soluciones que tomen impulsen la justicia social y sostenibilidad.

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